
Si la semana pasada tratamos el miedo, esta semana hemos hablado de una emoción contraria, el alivio.
Experimentamos alivio cuando nos libramos de un peso, cuando dejamos de percibir una amenaza o cuando nos disculpamos. Por ejemplo, sentimos alivio cuando terminamos un examen o superamos una entrevista de trabajo, cuando una prueba médica tiene resultados positivos, al ver que un peligro se aleja o al reconocer que hemos cometido un error.
El alivio viene cuando una sensación o situación desagradable que nos provoca miedo, ha terminado.
Una forma de que el miedo pase es relajándonos. Podemos conseguirlo a través de una técnica de relajación efectiva que es la basada en la respiración diafragmática.

Esta técnica consiste en el control de la respiración. Cuando sentimos ansiedad suele aumentar la frecuencia e intensidad de la respiración como cuando hacemos ejercicio. Por tanto, si aprendemos a controlar voluntariamente (por nosotrxs mismxs) nuestra respiración, nos relajaremos y controlaremos nuestra ansiedad.
¿Cuando y donde lo hacemos?
Primero lo importante es encontrar el momento y el lugar. Para empezar a entrenarla es fundamental hacerlo en un lugar tranquilo donde no nos puedan molestar. El momento depende de cada unx, es recomendable hacerlo por la noche antes de dormir (para dormir mejor y relajados) o al despertarnos por la mañana (para comenzar el día relajados y con actitud positiva) o bien después de almorzar en nuestro tiempo de descanso.
!!!Tú eliges!!!
¿Cómo se hace?
La primera vez, nos tendemos en la cama o en un sitio plano. Los pasos son los siguientes:
1º Pon una mano en el pecho y otra sobre el estómago. Es importante asegurarnos de que llevas el aire a la parte de abajo de los pulmones y sin mover el pecho.
2º Coges aire lentamente por la nariz mientras cuentas de uno a cinco. Mientras tomas aire debes asegurarte de que se mueve un poco el estómago y la barriga pero no el pecho.
3º Retenemos el aire en esa posición contando de uno a tres.
4º Suelta el aire por la boca lentamente mientras cuentas de uno a cinco hundiendo un poco el estómago y la barriga pero no el pecho.
Cuando domines la técnica no necesitarás poner las manos en el pecho y el estómago por lo que puedes hacerlo sentado o incluso andando por la calle.
En el caso de lxs niñxs, la técnica es más lúdica si empleamos un barco de papel creado por ellxs mismxs, de forma que al ponerlo sobre nuestro estómago al moverlo simulan las olas del mar.
